Cuando el espacio es reducido, y sólo se cuenta con un monoambiente, la mejor alternativa es la decoración mínima y despojada: el minimalismo. Sus reglas son sencillas pero inflexibles, y de seguirlas, se contará con un ambiente elegante, pulcro y contenido, en donde la luz y las referencias naturales serán los protagonistas.

1. La base es el blanco
El minimalismo decorativo se crea a partir del blanco y su diálogo con los crudos (grises claros, hueso, marfil, arena, crema…).
2. Contraste natural
El blanco se revitaliza mediante un muy medido contraste con colores oscuros, pero preferentemente en materiales y fibras naturales: papel, cuero, plantas, rocas… En el ambiente de la foto, la madera, el cuero y las plantas crean el contraste con tonos oscuros.

3. Las texturas son las protagonistas
La armonía de los blancos tiene sus mejores resultados si se llevan en texturas diferentes: rugoso algodón, rica seda, cuerda, estucados… Color con textura crea una sobria variedad.
4. Luz y más luz
El blanco no sólo se privilegia; sobre todo: se exagera con una generosa luz, especialmente si es natural, y corre libre, sin obstáculos. El minimalismo es una de las herencias de las culturas orientales que crearon y desarrollaron el Feng Shui, cuya regla básica es que no deben existir objetos que se opongan a la luz del sol dentro de la casa.
El resultado: una explotación del espacio, que se verá más amplio, luminoso y habitable que nunca.
Fuente | Freshome













