Para quien esto escribe, el otoño es su estación decorativa ideal: la suma de colores y texturas que la naturaleza nos regala en su exhalación antes del invierno es infinita. El rojo y el tostado se convierten en el gran telón de fondo, con un aire sereno, reposado, que invita a la contemplación. Y las texturas rugosas, plenas de detalles, luces y sombras, con sus sugerencias de vida y renovación.
¿Cómo podemos aprovechar al verano para decorar la casa?
Hojas y ramas. El mejor material para decorar está a la mano, por todas partes, en el otoño: las hojas tostadas y las ramitas secas. Puedes usarlas de todas las formas que te parezca posible.
Desde un lecho para velas (su llama es la gran compañera de las hojas y las ramas, con su sugerencia de hogueras y luz de equinoccio), hasta motivo centrales para cuadros: no deseches el hallazgo de una hoja de colores memorables. Ponla al centro de un marco, y a tu pared.
Calabazas. Sí, ese motivo no tiene por que quedarse destinado sólo a la Noche de Brujas. Esta hortaliza puede tener más de un uso práctico como complemente decorativo: un pisapapeles, un lapicero (si la abres y vacías), una plomada para tus cortinas…
También las puedes destinar a coronas, centros de mesa, rincones, escaleras… Y, desde luego, iluminar sus rostros divertidos en las primeras noches de noviembre.
Si sientes que necesitas ayuda, puedes tomar algún curso de decoración que te ayude a desarrollar tu gusto e impronta personal.












