1. Colores brillantes contra colores brillantes:
Existen numerosas guías para combinar en color que nos dejan una cosa clara: en la dosis justa, cualquier paleta de colores es agradable. Sin embargo, ese consejo tiene una claúsula: nunca hay que poner a competir colores en la misma gama. Los colores primarios brillantes, colocados en la misma cantidad y con el mismo destello, compiten por la mirada y rompen la armonía del espacio. La decoración, recuerda, es un entramado donde la mirada y los habitantes pueden pasear sin obstáculos ni estridencias.
En el cuarto infantil sobre estas líneas, por ejemplo, el negro suaviza el brillo del rojo y del amarillo, y al usar diferentes gamas de estos colores, se crea una conexión agradable para la mirada.
2. Saturar el espacio
Hay una frase del escritor Julio Cortázar que dice que la mejor gente y los mejores ambientes lo son porque “el aire va y viene en libertad”. En decoración, el espacio cuenta, y mucho. Existen numerosas formas de acomodar los muebles, complementos y detalles, pero una sola de no hacerlo: amontonar. El miedo al vacío es nuestro enemigo más grande al diseñar un ambiente. A veces, basta con un solo detalle en una habitación en blanco para crear un hogar.
El baño sobre estas líneas explota el blanco y el cristal para ampliar la sensación de espacio y ofrecer una sensación de limpieza.
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3. Disimular los defectos
Saca fuerzas de flaqueza, y exhibe con orgullo las cicatrices de tus muebles paredes y rincones. Si cubrimos un defecto (una grieta, ladrillos sin revocar, el veteado y las agujeros de la madera) con “parches”, la mirada del visitante los descubrirá. Si los vestimos, serán como esas cicatrices que nos hablan de una historia de las que nos sentimos orgullosos.
Imágenes | Web de la Casa | Marcelo Ferrero | Decosfera













