La decoración, además de agradar a los sentidos, es una forma de hacer más habitables a los ambientes, más seguros, más sanos. Y no hay nada que haga crecer a una habitación, borrando la barrera de las cuatro paredes, permitiendo “respirar” al espacio, que añadir puntos de contacto con lo natural. Sea a través de los materiales, las texturas, la iluminación, las aberturas al exterior… O como en esta idea que te traemos: a través del agua.

Las fuentes para interior son instalaciones muy sencillas, pero de amplios efectos. No sólo crean una sensación de frescura y establecen un punto focal riquísimo para nuestros ambientes (con las texturas y los juegos de luz que se dibujan en la caída del agua); además, las fuentes de interior se convierten en todo un centro de relajación, con el cristalino sonido de las aguas.
Las fuentes de interior, que se presentan en toda una gran variedad de diseños: desde aquellas que son imitación de las fuentes clásicas hasta las que describen manantiales (con rocas y musgo), pasando por estas, que nos parecen la alternativa más asequible para cualquier espacio, por reducido que sea.

Nos referimos a las llamadas Kit fountain, que se adosan a la pared, utilizan muy poca agua y basan su atrativo en lámparas ocultas que resaltan una placa de estucado, donde las aguas describen su deliciosa caída.
Fuente | Redecorando













