Llega la primavera, y con ella la necesidad de imprimir frescura en los ambientes. Con la luz y el calor se impone la elección de colores que maticen la luminosidad y al mismo tiempo mantengan frescAs las habitaciones. La mejor elección en este sentido es, sin duda, el blanco.
El blanco es el color más generoso con las paredes: las amplía visualmente e imprime profundidad a la habitación, pues se separa con facilidad del mobiliario. No rechaza ningún material ni color, y todos los estilos (desde lo más clásicos y abigarrados, hasta los más minimalistas) se avienen a él.
El único riesgo con el blanco es que resulte árido en exceso. Entonces se puede recurrir a una sencilla estrategia, especialmente en esta época primaveral: acompañarlo de telas con colores y estampados vibrantes. El resultado será un conjunto juvenil y fresco, lleno de luz, vida y color.
El blanco es, sin duda, la mejor base para la primavera.
Imagen: BHG













