
Los pequeños cuadros son ideales para las zonas de transición entre puertas y ventanas. Alineados, visten espacios que suelen dejarse vacíos, y llaman poderosamente la atención.

Los lienzos sin marco lucen mejor apoyados contra un espejo, una pared o contra los lomos de un librero. Un toque desinhibido que da frescura hasta al espacio más sobrio, y que siempre fructifica en rincones cálidos.
Sigue el estilo de tu ambiente: los arreglos asimétricos son más modernos; lo simétrico, más clásico. Los marcos más ostentosos lucen mejor acompañados de plantas, en particular sin son de madera.

Viste tu librero sin miedo a la aglomeración. Pon los cuadros apoyados sobre su repisa superior, o colgados de sus marcos y entrepaños. La única regla: procura contar una historia, seguir un estilo, marcar un juego decorativo, sin dispersarte.

Los cuadros también pueden aportar un toque de sorpresa. Colócalos en sitios ineperados: al pie de la cama, contra una mesita e incluso en un mueble cerrado, donde sólo será visto al abrir las puertas.
Fuente | Bhg












